Releer Malvinas a 32 años de la guerra

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El Licenciado en Letras, periodista e investigador del CONICET, Exequiel Svetliza, elaboró un trabajo inédito en el que aborda la literatura sobre el conflicto desatado en el Atlántico Sur.

En la ficción, la guerra finalizó antes que en los campos de batalla. La anécdota cuenta que apenas comenzado el conflicto de Malvinas el escritor Rodolfo Fogwill visitó a su madre y ella, que seguía el desarrollo de los combates en las islas por televisión, como la mayoría de los argentinos, le comentó sin ocultar su entusiasmo: ¡Hundimos un barco! Cuando Fogwill regresó a su casa escribió: Mamá hundió un barco. Esa frase fue el comienzo de la novela Los pichiciegos que terminaría de escribir sólo cinco días después.

Leída por algunos críticos y periodistas durante el desarrollo del conflicto bélico, pero publicada recién en 1983; la obra de Fogwill significa la génesis de los relatos literarios sobre la guerra de Malvinas. Los pichiciegos narra la historia de un grupo de desertores del ejército argentino que sobrevive en una cueva subterránea. El nacionalismo y la defensa de los justos intereses de la patria en las islas que proponía entonces el discurso hegemónico se reemplazan en la novela por un sistema mercantilista en el cual los personajes deben negociar con el enemigo inglés para preservar la vida. Al inaugurar la ficción de la guerra, Fogwill no sólo desmitificó la gesta militar de la dictadura de Galtieri, sino que buscó inmolar la causa Malvinas.

Mucho antes de la guerra, la causa Malvinas, entendida como la necesaria recuperación de una porción de la patria que había sido ilegítimamente cercenada,  ya era parte fundamental del gran relato nacional. Como afirma el historiador Vicente Palermo en su libro Sal en las heridas: “Las islas pueden articular en su causa toda la rica variedad de nacionalismos, realizando así la proeza de encarnar a la perfección el nacionalismo de los argentinos como uno solo, autopostulado como el único posible y la única forma de identidad nacional concebible”. El conflicto de 1982 avivó ese discurso nacionalista y, tras la derrota militar en las islas, lo puso en crisis. Federico Lorenz escenifica esa obsesión de la derecha y la izquierda argentina por Malvinas en su primera novela Montoneros o la ballena blanca (2012), un relato que apela al cruce de historia y ficción para proponer una hipótesis con ribetes delirantes, ya que la obra de Lorenz cuenta la historia de un grupo de militantes montoneros que, tras sobrevivir a la llamada guerra sucia durante el Proceso, se reúne a comienzos de la década del ochenta para desarrollar un plan de ocupación de las islas Malvinas. Una vez en el archipiélago, descubren con sorpresa que las Fuerzas Armadas les han ganado de mano.

En su relectura de los hechos, la literatura argentina se permitió burlarse de los valores encarnados en Malvinas para representar el conflicto de 1982 como una farsa: combatientes falsos, soldados que desean ser prisioneros ingleses para conocer a los Rolling Stones y planes extravagantes para recuperar las islas como jugarlas en un partido de fútbol o secuestrar a Lady Di y pedir el archipiélago como recompensa; son algunos de los ejemplos que podemos encontrar en novelas y cuentos.

¿Hundimos aquel barco que anunció el entusiasmo de la madre de Fogwill? En algunas obras, como en el caso de la novela Las Islas (1998) de Carlos Gamerro, la literatura plantea una crítica corrosiva a la mediatización del conflicto al representar las falacias que transmitían los comunicados oficiales y gran parte de la prensa. Para Gamerro, la guerra de Malvinas fue ficción desde el primer día.

Mentiras y desengaño

La guerra significó el fin de la inocencia para toda una generación de jóvenes que creció en el rigor de la dictadura. La novela Arde aún sobre los años (1985) del cordobés Fernando López relata el aprendizaje forzado de un grupo de adolescentes tras la experiencia de Malvinas. La obra, a pesar de haber obtenido un premio Casa de las Américas, pasó casi inadvertida para el público en el momento de su publicación y hoy resulta una narración ineludible para comprender esa época.
Para la imaginación literaria, el conflicto de Malvinas es una guerra absurda. Esa desacralización de la causa nacional alcanza su mayor grado de irreverencia con la novela breve Una puta mierda (2007) de Patricio Pron, donde un ejército que no sabe contra quién lucha busca apropiarse de un archipiélago que nadie sabe donde queda. El relato funciona como una metáfora del desconcierto que aún significa Malvinas para los argentinos.

La ficción no sólo anticipó el resultado del conflicto bélico, sino que puso en jaque a los discursos nacionalistas que han cimentado históricamente la causa Malvinas. A 32 años de una guerra que aún cuesta comprender, la literatura invita a pensar Malvinas desde otros lugares más críticos y reveladores. En palabras de Walter Benjamin, leer a contrapelo de la historia oficial.

Océanos de tinta se han escrito sobre Malvinas y la guerra de 1982. Un repaso por algunas de las obras fundamentales:

Periodismo: Malvinas, la trama secreta de los periodistas Oscar Cardoso, Ricardo Kirschbaum y Eduardo Van Der Kooy (el libro fue publicado por primera vez en 1983 y en 2012 se reeditó una versión ampliada que incorpora nuevos documentos desclasificados); y La última batalla de la tercera guerra mundial (1984) de Horacio Verbitsky.

Sociología/Historia: ¿Por qué Malvinas? De la causa nacional a la guerra absurda (2001) de Rosa Guber; Sal en las heridas (2007) de Vicente Palermo

Filosofía/Política: Malvinas: de la guerra sucia a la guerra limpia (1985) de León Rozitchner; Falklands/Malvinas (2002) de Rodolfo Terragno

Testimonial: Las guerras por Malvinas (2006) de Federico Lorenz, Los chicos de la guerra (1982) de Daniel Kon, Iluminados por el fuego (1993) de Edgardo Esteban, Los viajes del Penélope (2007) de Roberto Herrscher.

Ficción: La flor azteca (1992) de Gustavo Nielsen; Kelper (1999) de Raúl Vieytes, Las otras islas (Antología de cuentos publicada en 2012), Montoneros o la ballena blanca (2012) de Federico Lorenz.

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