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Acceder a una vivienda es posible gracias a estos jóvenes arquitectos tucumanos

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Flamantes graduados de la Facultad de Arquitectura de la UNT se propusieron desafiar el mercado inmobiliario brindando una solución para las miles de personas que buscan acceder a un techo propio. Viviendas sustentables y con identidad local, a bajo costo.

 

Una vez que terminaron los seis años de la carrera de Arquitectura en la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) y al tiempo que empezaban a enfrentarse a un duro mercado laboral, un grupo de cinco arquitectos con el título recién obtenido se preguntó: ¿qué hacemos nosotros aquí? ¿cuál es nuestra responsabilidad? ¿qué soluciones podemos aportar?.

El planteo surgió ante la necesidad de buscar fuentes laborales y también de hacer una observación crítica del sistema que cada vez torna más inaccesible el acceso a la primera vivienda.

“Pensamos en nuestra propia situación: jóvenes de 30 años, con dificultades para encontrar una fuente laboral o haciendo los primeros pasos en la profesión, pero con necesidad de independizarse. La conclusión a la que llegamos es que, así como está planteada la situación, ninguno la tiene fácil”, sostuvo el arquitecto Nicolás González.

Ese razonamiento fue la piedra angular del Proyecto “Mi Casita” que González junto a sus colegas Julia Mema, Rocío Pérez Layús, Luciano Hilal y María Rosa Gasco fueron elaborando a deshoras, en las reuniones que mantienen desde octubre de 2017, cuando terminan la jornada en sus respectivos trabajos. En los encuentros debaten sobre arquitectura, técnicas constructivas, sustentabilidad y, fundamentalmente, sobre las herramientas que brinda la profesión para intervenir en la realidad.

En el camino que iniciaron sumaron al ingeniero industrial Dante Malica y a Martín Haurane, estudiante de ingeniería mecánica. “A medida que fuimos estudiando y averiguando más sobre el tema, descubrimos la cantidad de investigaciones fantásticas que se desarrollaron o están en curso en la Universidad en relación a nuevas tecnologías más accesibles y sustentables”, apuntó Mema. Por eso, entre los objetivos de “Mi Casita” figuran realizar un trabajo interdisciplinario que brinde trabajo a los jóvenes profesionales y, al mismo tiempo, evitar que la única opción para muchos sea alquilar espacios poco funcionales con altos costos fijos.

“Existe la idea que sólo personas con buen poder adquisitivo puede contratar un arquitecto. Pero se trata de un imaginario social ligado a un profesional que sólo interviene en la construcción de casas en un country. Nosotros, por el contrario, pensamos que nuestro trabajo es mucho más amplio que eso”, reflexionó la joven, quien analizó críticamente las heridas de todo tipo que producen los barrios cerrados en la trama urbana.

En este sentido, el grupo aportó que es necesario garantizar el derecho de acceso a la vivienda a la mayor cantidad de gente posible para trabajar también en favor de una sociedad más justa e igualitaria. “Somos conscientes de que el proyecto ‘Mi Casita’ es una amenaza para todas aquellas personas que obtienen grandes réditos del sistema. Pero nosotros somos otra generación y, por nuestras convicciones y la formación que nos dio la Universidad Pública, creemos que no se puede seguir generando más exclusión. Todo lo contrario: tenemos que pensar de qué manera diseñar soluciones para que lleguen cada vez a más gente”, sostuvo González, quien se desempeña como docente en la Cátedra de Taller Arquitectónico de la FAU.

Pensar el hábitat

El proyecto “Mi Casita” está pensado fundamentalmente para un segmento medio, el más desatendido en cuanto a los programas de acceso a la vivienda. Según adelantaron los profesionales, los modelos diseñados son totalmente flexibles, de manera que la casa va evolucionando junto con sus integrantes en etapas.

El modelo de la primera etapa tiene 50 metros cuadrados; el segundo, 80 y el tercero 130 metros cuadrados. Sin embargo, estas medidas son estimadas, debido a que toda la vivienda es flexible: desde sus espacios hasta el amoblamiento. Se trata, a fin de cuentas, de una experiencia lúdica.

“Consideramos que el diseño tiene que acompañar un nuevo estilo de vida, que poco tiene que ver con la de nuestros padres o la de nuestros abuelos. Ni siquiera pensamos en un modelo tipificado de familia sino en todas las combinaciones posibles: una pareja sin hijos, una persona que trabaja free lance de manera remota o un matrimonio mayor que necesita una renta además de la jubilación para tener un ingreso extra y llegar a fin de mes. Somos conscientes que hace unos 50 años la vida era mucho más previsible que ahora y eso se reflejaba en las viviendas”, analizó la arquitecta Rocío Pérez Layús.

El desarrollo en módulos es la clave para que cada hogar tenga su particularidad pero que, al mismo tiempo, esté pensado en conjunto. “Cada casa es una célula que se integra a un sistema para no afectar el entorno. Es necesario que en Tucumán empecemos a planificar las ciudades, teniendo en cuenta la importancia de desarrollar una identidad ligada a nuestra cultura”, recalcó Mema, quien propuso dejar de lado los individualismos y comenzar a mirar más hacia adentro.

“Hay muchos diseños de revista pero que en nada responden a las exigencias de nuestro entorno. Para dar un ejemplo: es frecuente ver grandes paños de vidrio cuando son totalmente desaconsejables por nuestro clima”, completó Pérez Layús, quien agregó que la identidad local –cada vez más difusa- comenzará a aparecer en cuanto se responda desde el diseño y la construcción a los requerimientos del entorno.

Así planteado, “Mi Casita” se propone como una alternativa para un segmento medio de la población, generando sentido de pertenencia a través de la participación activa de los usuarios en la construcción de una vivienda que se va adaptando a sus necesidades. De hecho, el proyecto contempla brindar capacitaciones técnicas para la autoconstrucción.

“Cuando una persona se involucra en la construcción de su propio hogar el sentimiento es completamente diferente. Por eso, buscamos reforzar la cooperación y el esfuerzo mancomunado en la construcción de las viviendas dejando la posibilidad que parte de las casas puedan ser construidas por sus propios dueños si así lo desean”, explicó González.

Otro aspecto importante es la apuesta por el desarrollo sostenible a través de la incorporación de tecnología amigable con el medio ambiente, como la que permite la recolección de agua lluvia, reutilización de aguas grises y paneles solares, entre otras. En los próximos meses, el equipo tiene previsto realizar una maqueta tamaño real para que los interesados puedan experimentar cómo es vivir en una casa como la propuesta.

La arquitecta Mema reflexionó sobre el final que “la casa es un techo, pero también es el lugar donde nos sentimos seguros, donde buscamos refugio, es un resguardo que nos da tranquilidad y donde podemos desarrollarnos plenamente en cuestiones básicas. ‘Mi Casita’ lo que busca es eso, que cada vez más gente acceda a ese derecho elemental”.

Fuente: El Tucumano

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