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El NOA fue escenario de la mayor erupción volcánica de los últimos 5000 años

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Dos científicas tucumanas participaron de un equipo internacional que realizó el descubrimiento.

Investigadores de Barcelona, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canarias y de Salamanca (España) y de la Universidad Nacional de Tucumán, de la Universidad Nacional de Mar del Plata y de la Universidad de Buenos Aires (Argentina) encontraron cenizas provenientes de la erupción del Complejo Volcánico Cerro Blanco, ubicado en Catamarca.

Se trata de la erupción más grande documentada durante los últimos cinco milenios en la zona volcánica de los Andes Centrales y es probablemente una de las mayores erupciones explosivas holocenas en el mundo correspondiente al período posglacial.

El Cerro Blanco está a 4.400 metros de altitud sobre el nivel del mar, en el extremo sur del altiplano andino, que hoy corresponde a la provincia nororiental de Catamarca. Las cenizas procedían de una erupción a 400 kilómetros de distancia de un volcán, cerca de la localidad de Santiago del Estero.

El estudio fue dirigido por el Dr. José Luis Fernández Turiel del Instituto de Ciencias de la Tierra Jaume Almera (Barcelona) y se publicó en la revista Estudios Geológicos. Por Tucumán participaron Julieta Carrizo (Docente e investigadora del Instituto Interdisciplinario de Estudios Andino) y la Dra. Graciela Esteban (Docente e investigadora del Instituto Superior de Correlación Geológica), quienes se encargaron de evaluar los impactos en el registro paleontológico de los depósitos de cenizas.

El origen de la investigación era determinar el vínculo entre el arsénico en el agua y las cenizas volcánicas. Sin embargo, al analizar las decenas de muestras de cenizas de esta región andina se descubrieron que casi todas ellas procedían de la última erupción del Cerro Blanco, ocurrida hace 4.200 años. La tucumana Graciela Esteban aseguró que las implicaciones de ese trabajo van mucho más allá de obtener marcadores temporales geológicos a partir del análisis de las rocas. Agregó que deben seguir investigando para extraer conclusiones generales sobre esos impactos en los entornos locales y sobre sus consecuencias para las comunidades. “Tiene valor no solo para comprender cómo se pudo haber afectado el sistema a lo largo del tiempo, sino también para evaluar los peligros volcánicos y las medidas de mitigación”, dijó la profesional.

En el año 2012 a través de la firma de un Acta Acuerdo entre la Facultad de Ciencias Naturales e Instituto Miguel Lillo (UNT) y el Instituto de Ciencias de La Tierra Jaume Almera (Barcelona) perteneciente al Consejo Superior De Investigaciones Científicas de España, inició el Proyecto “Impactos medioambientales de erupciones Cuaternarias en los Andes Centrales: modelado para la prevención de los efectos de futuras erupciones”.

Durante las investigaciones se estudiaron 62 afloramientos de la zona y recogieron más de 230 muestras de cenizas durante diferentes campañas realizadas en las provincias de Catamarca, Tucumán, Salta y Santiago del Estero. El estudio de estas muestras permitió interpretar que casi todas ellas procedían de una única erupción ocurrida hace 4.200 años y que cubrió de ceniza buena parte de la Argentina, comparable, por el volumen de material expulsado al de la isla de Santorini. Los depósitos de caída de ceniza del Cerro Blanco alcanzaron aproximadamente 400 km de distancia desde el volcán. Esto indica que aproximadamente 170 km cúbicos de ceniza se distribuyeron alrededor de 500.000 km cuadrados en Argentina.

Fuente: Secretaría de Ciencia, Arte e Innovación Tecnológica

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